Pragmatismo frente a la inmediatez: el rol del GNL

Muchos deseamos un mundo alimentado 100% por energías limpias hoy mismo, pero la realidad técnica de nuestra infraestructura global nos obliga a buscar un camino viable. La transición energética no ocurre de forma instantánea; es un proceso que requiere estabilidad y seguridad para no colapsar las economías que deben financiar el cambio. El GNL de EE. UU. no es un obstáculo para este objetivo verde, sino el combustible facilitador que permite una transición ordenada al ofrecer una alternativa inmediata y a gran escala frente a fuentes mucho más contaminantes. En menos de una década, la industria estadounidense ha pasado de cero a convertirse en el líder mundial, proporcionando el 22% del suministro global, lo que permite al mundo tener una opción real para alejarse de combustibles más densos en carbono.

Este combustible actúa como un puente realista mientras las tecnologías de almacenamiento de energía y de hidrógeno terminan de madurar. No se trata de perpetuar los combustibles fósiles, sino de utilizarlos de manera estratégica para reducir los daños ambientales hoy mismo. El estudio de S&P Global destaca que el impacto económico de esta industria ya supera los $400 mil millones en el PIB de EE. UU., recursos que también fluyen hacia la innovación en energías limpias y nuevas infraestructuras. Es una solución consciente que utiliza los recursos actuales para construir la infraestructura del mañana sin sacrificar la fiabilidad energética de la que dependen millones de personas.

Para lograr una cadena de valor limpia, es necesario reconocer que el gas natural es el medio que hace posible el futuro renovable al desplazar el uso de carbón. El GNL permite que esa llegada al «net-zero» sea segura y justa, ofreciendo un suministro asequible y confiable que evita que las naciones retrocedan en sus compromisos climáticos cuando las condiciones del mercado son difíciles. Alrededor del mundo, los flujos de GNL proporcionan alternativas más limpias que otros fósiles, promoviendo la descarbonización especialmente en países en desarrollo que aún no pueden dar el salto total a lo verde.

Finalmente, la visión de «puente» implica que hay un destino final claro. El GNL de EE. UU. añade una nueva dimensión a la influencia geopolítica, permitiendo que el progreso no se mida solo por deseos, sino por la reducción real de emisiones. Si el potencial de crecimiento de las exportaciones de EE. UU. no se materializara, el 85% del hueco resultante sería llenado por combustibles fósiles de fuera de EE. UU., probablemente con mayores emisiones. El GNL es, en esencia, la herramienta más potente que tenemos para gestionar el cambio climático de manera responsable y con resultados verificables.

Fuente: S&P Global, Major New US Industry at a Crossroads: A US LNG Impact Study – Phase 1, diciembre 2024.